Un grupo de investigadores japoneses decidió emprender una travesía única para entender mejor los desplazamientos humanos en la prehistoria: navegar en una canoa construida con técnicas del Paleolítico entre Taiwán y las islas japonesas. Esta hazaña, llevada a cabo en 2024, no solo puso a prueba la resistencia física y mental de los científicos, sino que también proporcionó datos valiosos sobre cómo los antiguos pobladores asiáticos pudieron colonizar nuevas tierras miles de años atrás.

Un experimento arqueológico sin precedentes

El proyecto fue impulsado por el Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia de Japón, y consistió en construir una canoa siguiendo técnicas rudimentarias propias del Paleolítico. Esto significó evitar cualquier herramienta moderna: nada de clavos, motores o plásticos. Usaron piedra, madera, fuego y cuerdas de fibras vegetales, replicando con la mayor fidelidad posible los métodos de hace más de 30.000 años. El objetivo: demostrar que era técnicamente posible viajar entre islas sin tecnología moderna.

Una ruta desafiante entre continentes

La ruta elegida fue entre Taiwán y el archipiélago japonés de Okinawa, en un trayecto de aproximadamente 200 kilómetros a través del mar. Esta región, además de contar con fuertes corrientes, presenta condiciones meteorológicas cambiantes y zonas de navegación complejas. Para muchos expertos, esta travesía era impensable sin herramientas avanzadas, pero los investigadores querían probar que la migración marina paleolítica era factible.

Viaje Prehistórico en Canoa entre Taiwán y Japón

El equipo humano: ciencia y resistencia

La embarcación fue tripulada por cinco personas, todos científicos y navegantes entrenados, quienes remaron durante jornadas completas bajo el sol, la lluvia y en condiciones de gran desgaste físico. El equipo contaba solo con lo esencial: agua potable, una dieta basada en frutos secos y pescado seco, y refugio improvisado. La expedición duró varios días y puso a prueba no solo su resistencia, sino también la viabilidad de estas rutas desde un punto de vista antropológico.

Entrenamiento previo y simulaciones

Antes de realizar el cruce, los participantes se sometieron a meses de entrenamiento físico, navegación sin brújula y técnicas de supervivencia. Además, realizaron varias pruebas en aguas costeras para verificar la resistencia de la embarcación y ajustar su diseño si era necesario. Esta etapa preparatoria fue crucial para replicar las condiciones reales del Paleolítico con rigor científico.

Lo que aprendieron del viaje

La conclusión más destacada del experimento fue que los viajes interinsulares en el Paleolítico no solo eran posibles, sino que pudieron ser más comunes de lo que se pensaba. Según los investigadores, la colonización de Japón por vía marítima habría requerido conocimientos náuticos y colaboración social compleja. El manejo del clima, la navegación sin instrumentos y la construcción colectiva de las canoas indican que estos antiguos grupos humanos tenían habilidades subestimadas.

Impacto arqueológico y científico

Este experimento forma parte de una nueva corriente de la arqueología experimental, que busca poner en práctica las hipótesis científicas para comprobar su viabilidad en condiciones reales. Al construir y navegar una canoa paleolítica, los investigadores no solo obtuvieron datos sobre navegación antigua, sino que también pudieron validar teorías sobre la migración humana en Asia Oriental. Esta iniciativa abre nuevas puertas para estudiar cómo se poblaron islas remotas sin depender exclusivamente de inferencias fósiles o genéticas.

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Un enfoque interdisciplinario

El proyecto involucró expertos en arqueología, antropología, historia marítima y navegación. Además, contó con apoyo logístico de instituciones japonesas y taiwanesas. Este enfoque colaborativo permitió no solo la viabilidad del experimento, sino también una mayor riqueza de datos cruzados para análisis posteriores. Las grabaciones en vídeo, los mapas de ruta y las mediciones de esfuerzo físico serán ahora objeto de estudio detallado.

Implicaciones para el estudio de la migración humana

Una de las hipótesis reforzadas por esta experiencia es que los primeros Homo sapiens que llegaron a Japón hace más de 30.000 años no lo hicieron por accidente ni arrastrados por corrientes, sino mediante viajes deliberados, organizados y posiblemente recurrentes. Esto obliga a repensar la narrativa de la migración prehistórica como una actividad pasiva, y resalta la capacidad de estos grupos para planificar, construir y sobrevivir a desafíos marítimos complejos.

Conclusión

El viaje en canoa paleolítica de Taiwán a Japón demuestra que la arqueología puede ir más allá de los laboratorios y museos. Al poner en práctica las teorías, los científicos no solo confirman su plausibilidad, sino que generan nuevas preguntas sobre cómo vivieron, se adaptaron y se desplazaron nuestros ancestros. Esta hazaña, más que una simple aventura, es una ventana al pasado remoto que cambia nuestra forma de entender la historia de Asia y del ser humano como especie migrante y exploradora.

Fuentes: Xataka Magnet

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